Sin embargo, caminando una noche, cuando regresaba de la universidad, la casa de la esquina explotó. Estaba entrando en mi casa y sentí como si la bomba hubiera explotado en mi propia casa.
Mi nombre es Verónica de Miguel. Nací en San Salvador, la capital de El Salvador. Los nombres de mis padres son Carmen Ramos y Miguel Alberto. Nacieron en Suchitoto que está a unos cuarenta y cinco minutos a una hora del San Salvador. Tengo cuatro hermanas y todos asistimos a la escuela y a algunos estudios universitarios. Mis padres eran trabajadores muy humildes y trabajaban mucho. Mi padre trabajaba en el campo mientras mi madre se quedaba en casa. Ella se hacía cargo de nosotras, de las tareas del hogar, de nuestro pequeño negocio y además cocía. Nosotras, sus hijas, fuimos a la escuela a la ciudad. Muchas veces íbamos a la escuela en los grandes camiones que transportaban caña de azúcar. Esta era una manera típica de transporte para ir y regresar de la escuela.
Nuestra infancia fue feliz. Recuerdo que, en la escuela, durante el recreo, solíamos ir a nadar a los ríos y regresábamos a la escuela empapados. Estos fueron momentos hermosos. Yo tenía unos siete u ocho años de edad. Alrededor de la edad de nueve o diez años nos mudamos a otra ciudad llamada San Antonio que estaba más cerca de nuestra escuela. Por lo tanto, no teníamos que caminar tanto. Este lugar es muy conocido y visitado por los turistas. Fue muy buena época para mí. Allí el santo San Antonio es muy milagroso. Por ejemplo, durante las vacaciones navideñas la gente toma una semana de descanso y visita a San Antonio, luego viajan a sus hogares.
La guerra civil comenzó cuando yo estaba en la escuela secundaria, en el segundo año. Eran tiempos difíciles porque los rebeldes y la guerrilla comenzaron a secuestrar a los maestros y a matarlos. Todos nosotros los estudiantes no sabíamos qué iba a suceder. Teníamos miedo porque nuestros profesores tenían hermanos que habían sido secuestrados y asesinados. En nuestra escuela, sí sabíamos acerca de la guerra civil, pero gracias a Dios nada nos pasó en nuestra escuela. Sin embargo, en una ciudad cercana a nosotros, llamada El Zalco, había un montón de maestros que fueron sacados y asesinados por la guerrilla. Tenía cerca de dieciocho años cuando la guerra civil interna estalló. Iniciada por rebeldes en contra del ejército. Empezó porque que los grupos políticos republicanos y demócratas tenían puntos de vista diferentes. Por ejemplo, la extorsión de los republicanos a los pobres. Ellos eran ricos y gente bien establecida. Los republicanos hicieron trabajar a la gente con la promesas de tierras que nunca dieron. Así es como los demócratas comenzaron a tener más gente y comenzó la guerra. Ellos comenzaron a secuestrar a personas y cometer fechorías.
Los pobres iban a las montañas y volvían para secuestrar a la gente de los rancheros. Se llevaban a los dueños de la propiedad, después los militares venían y hacían lo mismo. Los dos grupos secuestraban a los hombres y especialmente el del ejército, porque quería que se alistaran en el servicio. Los grupos rebeldes estaban formados por gente pobre; ellos eran llamados rebeldes porque ellos se rebelaban ante la elite. Los rebeldes empezaron a ser un grupo muy grande. Ellos secuestraban a dueños de tierras y a sus hijos y les pedían un rescate. Si se negaban a pagar, los asesinaban.
Hubo un tiempo donde las cosas se pusieron feas. Nos hubiera gustado ir a nuestros trabajos, pero no sabíamos si íbamos a regresar. Nosotros viajábamos en autobús, y de repente, los rebeldes aparecían y secuestraban al que querían que estuviese en el autobús. Los conductores de autobús no querían viajar por esas rutas y mucha gente tenía que usar transporte privado. Mucha gente estaba en peligro. Tanto la gente de los autobuses, así como de los vehículos particulares se encontraban en el mismo peligro. A la gente la encontraban muerta. Algunos se unían a la guerrilla mientras que otros eran asesinados y enterrados.
Los hombres en ese tiempo de la guerra civil estaban en mayor peligro ya que se veían obligados a unirse a la guerrilla. Por esta razón, los hombres salían de sus casas a las 6:00 pm todas las tardes porque les tenían miedo a los guerrilleros y a los militares. Ambos grupos solían llegar a sus casas a esa hora. Si la guerrilla llegaba primero y no encontraba al hombre, luego venían los militares y se lo llevaban. Los hombres se iban a las montañas. Este tipo de problemas se veía por lo general en las zonas rurales, pero no en las ciudades. Sólo si había un partidario de un cierto grupo, luego era secuestrado o ejecutado. El Salvador era un lugar muy tranquilo, nunca nos pasó algo. A pesar de que todas éramos mujeres en mi familia, no pasó nada. Solía caminar a la universidad en Sonsonate.
Cuando la guerra civil fue calmándose, estábamos en la escuela secundaria. Mis hermanas y yo decidimos mudarnos a San Salvador. Nosotras estudiábamos por la noche y regresábamos a la casa de San Antonio los fines de semana, y sí, muchas veces tuvimos miedo. En mi caso, yo estuve asustada muchas veces. Trabajaba en el centro de San Salvador. Caminaba de mi trabajo hasta el centro para tomar el autobús. A veces, me gustaba bajarme y caminaba a la universidad. Yo caminaba como cuatro o cinco cuadras. Los rebeldes ponían bombas dentro de los autos que estaban estacionados en el centro de la ciudad llena de gente. Ellos sabían muy bien quienes eran los dueños de estos coches. Pero gracias a Dios nunca me pasó algo. Sin embargo, caminando una noche, cuando regresaba de la universidad, la casa de la esquina explotó. Estaba entrando en mi casa y sentí como si la bomba hubiera explotado en mi propia casa. Las ventanas hicieron mucho ruido. Tal vez el estruendo, el rugir de los cristales rotos me hizo sentir como si hubiera sido mi casa. Pero gracias a Dios nada nos pasó. El Salvador, en general empezó a recuperarse. Éramos cinco hermanas en total, pero para entonces mi padre había fallecido. Vivíamos solas con nuestra madre. Mi madre vivía sola en San Antonio y nosotras vivíamos en San Salvador y nada malo nos pasó. Los tiempos mejoraban, cada vez mejor, a excepción de la economía.
Mi viaje a los Estados Unidos fue muy tranquilo, una experiencia fácil. Viajamos con visa a México y desde allí mi hermana, mi mamá y yo viajamos a Tijuana, México. Además, mi hermana que estaba aquí en los Estados Unidos ya había hecho arreglos con alguien para que nos ayudara a entrar al país. La misma noche, llegamos a Tijuana nos dijeron que saldríamos la siguiente noche y así lo hicimos. Salimos a media noche y estábamos listos. Los jóvenes que nos ayudaron a cruzar la frontera nos dijeron que íbamos a caminar como si fuéramos una pareja, éramos mi hermana y yo. Los jóvenes parecían tener catorce o dieciséis años de edad. "Vamos a ir de la mano y si ves un coche de policía que no tenga miedo. Si nos hacen alguna pregunta, todo lo que tienes que decir es que estamos regresando de Antro (un club nocturno) de San Diego," nos dijeron los hombres. Ni siquiera pasaron cinco minutos y ya estábamos en los Estados Unidos. "Bueno vamos a correr tres minutos, pero muy rápido" y al final estábamos en San Diego. Ellos sabían muy bien el camino. Sí nos encontramos agentes de la policía en sus automóviles, era la hora en que la mayoría de la gente salía de los clubes nocturnos. Los jóvenes nos dijeron, "esténse quietas, nada va a pasar." Y sí, a las seis de la mañana ya estábamos en Los Ángeles. Mis otras hermanas vinieron legalmente. Yo no tuve ninguna mala experiencia de cruzar la frontera, pero mi mamá sí. A ella la enviaron a través de las montañas en la noche. Mientras caminaba, a ella le dolía un pie. En una ocasión se había lastimado el pie en El Salvador y también sucedió en la montaña, y ya no quería continuar. Ella le dijo al grupo con quien estaba que no iba a caminar más y que iba a permanecer allí que siguieran adelante sin ella. Los hombres le dijeron que no podía dejarla allí porque se perdería. Mi mamá se quedó allí sola por un tiempo. Los oficiales de inmigración caminaron junto a ella, pero no la vieron. Tal vez no la vieron por la voluntad de Dios. Era de noche y ella no sabía por dónde ir. Ella comenzó a retroceder y se encontró con otros oficiales de inmigración y le preguntaron que con quién estaba. Ella respondió: "Vine sola", pero no le creyeron. "¿Qué grupo te trajo aquí?" Le preguntaron de nuevo. "Son ellos los que iban por delante?" Y mi mamá dijo: "Si no me creen, pueden enviarme de regreso." Entonces los agentes de inmigración la llevaron a una pequeña casa y la dejaron allí. Después de un tiempo, otro grupo se detuvo junto a la casa y le ofrecieron ayudarle a traerla a los Estados Unidos.
Mi vida en los Estados Unidos fue fácil porque ya tenía una hermana que vivía aquí. Ella nos ayudó y nos dijo qué hacer. Ella nos dijo que teníamos que ir a la escuela a aprender inglés y posteriormente obtener una educación para encontrar un buen trabajo. Llegué a los Estados Unidos en el año 1990 y pedí asilo político, pero tuve que cancelar el proceso porque este programa era específico para las personas que participaron directamente en la guerra civil. El asilo político nos ayudó. Nos dieron permisos de trabajo, pero más tarde se canceló debido a la falta de de documentos.
Después de seis años, salió el programa TPS (Estatus de Protección Temporal). Después de eso, el programa NACARA (Acta de Ajuste y Refugio para Nicaragua y Centro América) salió para los residentes permanentes. Para este programa si pude calificar. Yo tenía toda la documentación y requisitos necesarios y de esta manera me legalicé en el año 2002, pero nunca fui una refugiada.
Yo tenía una idea diferente acerca de los Estados Unidos. Cuando vivía en El Salvador, allí, los Estados Unidos se conoce como "La ciudad de los rascacielos." Nosotros, en El Salvador, tenemos la impresión de que aquí tenemos la oportunidad de trabajar, no estar en peligro. Y es por qué…, no sé por qué la gente no dice la verdad acerca de cómo los Estados Unidos es en realidad. Al menos, no tengo una historia que contar y cuando esto sucede la gente piensa que yo o la gente les está mintiendo y dice "que es lo que quieres, ¿no quieres que me vaya a los Estados Unidos?"
Yo creo que para llevar una vida normal en los Estados Unidos tenemos que prepararnos porque si no lo hacemos, entonces será muy difícil. Nuestros objetivos fueron terminar nuestras carreras que habíamos iniciado en El Salvador. Sin embargo, una vez que nos gusta estar en los Estados Unidos la situación cambia. Las cosas son diferentes aquí pero no me puedo quejar, porque no estamos en situaciones difíciles, como muchas otras personas que están aquí en los Estados Unidos. Venir aquí a los Estados Unidos fue algo positivo. Mis hermanas, mi mamá, y yo llegamos a un país desconocido y sabíamos que teníamos que prepararnos. En El Salvador, solía ir a la escuela desde las 8 hasta las seis, por seis meses. Más tarde, encontré un trabajo e iba a la escuela por la noche. Cuando llegamos aquí, llegamos a la ciudad de Concord, California y hemos vivido en esta zona desde entonces.
Venimos a los Estados Unidos ilegalmente porque en nuestro país es muy difícil conseguir un pasaporte. En la embajada son muy estrictos. Por ejemplo, algunos requisitos son ser dueño de un negocio, tener alguna propiedad y/o disponer de una cuenta de cheques y ahorros. Además, la embajada quiere ver los registros de contabilidad. La casa en El Salvador donde nacimos era muy pequeña. Sí teníamos un negocio, pero un negocio muy pequeño. Nosotros no teníamos un registro de contabilidad. Todos nuestros negocios eran apalabrados. Nosotros nunca firmamos ningún contrato. Por esa razón no nos otorgaron la visa.
Todo en El Salvador iba bien, pero la guerra civil destruyó todo. Mi especialidad en El Salvador era economía, pero no terminé. Aquí, fui a la escuela para aprender inglés. También tomé el curso de ROP (Programa Regional Ocupacional) y el curso de CNA (Certificado de Asistente de Enfermería). Trabajé en el “Convalescent Hospital” durante once años. Ahora mismo, estoy trabajando para el departamento de salud del condado de Contra Costa como recepcionista. Mi trabajo es hacer citas para las siete clínicas que tiene el condado. Tenemos una casa, comida, no tenemos ninguna necesidad. Sin embargo, los sueños son diferentes.
Me gustaría volver a la escuela, ahora que mi hija Tania ha crecido y asiste a la escuela secundaria. Me gustaría ser un ejemplo para ella. Darle un incentivo, porque a causa de la situación económica no pude continuar mi carrera aquí en los Estados Unidos. En este momento, tengo la oportunidad de demostrar a mi hija que sí, es posible educarse. Yo creía que no porque ella es mayor y en su propia escuela me voy a detener. Es una idea que ha venido a mi mente últimamente.
NACARA, Acta de Ajuste y Refugio para Nicaragua y Centro América, firmada por el presidente Clinton en 1997, para dar beneficios migratorios a personas víctimas de violencia de los países centroamericanos