Migration Story
California State University East Bay 
       

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Olivia García

Escrito por: Christina Ríos, Septiembre 6, 2007
Traducido por: Vidal Ramírez y Melissa Ordoñez – Julio, 2010
        

Mi nombre es Olivia García. Nací y crecí en la ciudad de Huehuetenango, Guatemala. Viví ahí con mis padres y mis siete hermanos y hermanas. Vivíamos felices en un rancho con animales de granja y lejos de todas las cosas malas que sucedían en ese momento en nuestro país.

Tuve una buena infancia. Mi familia se podría considerar de clase media, ya que poseía un rancho con muchos animales, pero casi todos en Guatemala eran de clase baja. Mis hermanos y yo hacíamos la tarea y luego, después de que terminábamos, ayudábamos a mi papá con los quehaceres en el rancho, ya fuera con la plantación de semillas, ordeñando las vacas, recogiendo los huevos de las gallinas, o cuidando a los cerdos. La manera como nos ganábamos la vida era vendiendo huevos de gallina, queso y maíz. Hacíamos eso porque casi todos los productos eran exportados a los Estados Unidos y solo las cosas pequeñas se quedaban en Guatemala. Básicamente las mejores cosas y productos se venían para acá, a EE.UU.

Recuerdo que algunos maestros iban en las tardes a enseñarnos, ellos eran de la capital del país, de Ciudad Guatemala. Nos enseñaban a cocinar y también a coser. Así es como aprendí a coser la ropa y hacer vestidos, algo que todavía me encanta hacer. También recuerdo que cuando era pequeña algunos días fueron horribles. Mi familia y yo íbamos a la capital en autobús y los militares hacían que todos los autobuses se pararan para registrar las pertenencias de la gente que viajaba. Luego nos hacían abordar otro autobús. Hacían eso para asegurarse de que nadie en el autobús estaba en contra de ellos, de los militares, o llevaba armas. A medida que íbamos llegando a la capital, veíamos muchos muertos en el camino, en el suelo. Por eso, yo odiaba ir a la capital. 

Todos los hombres jóvenes y adultos en Guatemala eran obligados a servir en el ejército durante un mínimo de cuatro años. Por esa razón, mis padres me aseguraban de que mis hermanos se escondieran cuando venían, para que no se fueran a llevar a luchar. Los militares llegaron al rancho en varias ocasiones a pedir a todos los niños y los hombres en las casas. Un día, llegaron los militares y encontraron a mi hermano de 15 años jugando afuera, y se lo llevaron. Teníamos tanto miedo de nunca volverlo a ver.

Nos pusimos muy contentos cuando mi hermano al fin regreso, después de completar sus cuatro años de servicio militar. Él nos platicó todas las cosas terribles que lo obligaron a hacer y todas sus malas experiencias. Lo forzaban a comer de lo que había a su alrededor, y si había un perro, tenían que matarlo y comérselo. Con el propósito de que todos los soldados aprendieran a matar, eran obligados a comer animales muertos, como buitres, y a beber su sangre. Mi hermano vomitó después de beber la sangre, pero lo forzaron a beberla otra vez. En el ejército todos los soldados estaban amenazados de que si no obedecían las órdenes pues los golpearían o algo peor. Los sargentos les daban las órdenes y todos los soldados tenían que obedecer, o de lo contrario, matarían a sus familias. También tenían que dormir donde pudieran, lo que significaba que mi hermano tuvo que dormir en el suelo. El nos contó que la mayoría de los soldados eran gente normal, no querían matar a nadie, pero los obligaban a hacerlo.

El grupo militar en el que mi hermano estaba tenía la orden de matar a los todos guerrilleros, y a la gente pobre que luchaba por sus derechos. Las guerrillas estaban principalmente formadas por gente indígena, muy pobre, que quería vivir sus vidas sin ningún problema. Sin embargo algunos individuos fueron influenciados por el ejército que prometía darles mucho dinero si espiaban a todas aquellas personas que estuvieran en contra de los militares. Los militares mataban a todas la gente que se oponía a ellos, inclusive, mataban a sus espías, aquellos que supuestamente serían remunerados por trabajar para ellos. Mi hermano pensó que estaba viviendo una pesadilla.

Yo tenía un gran deseo de ir a la universidad. La única universidad cercana era la de Ciudad Guatemala, que estaba muy lejos de Huehuetenango para ir y venir. Así que cuando cumplí 18 años decidí mudarme a Ciudad Guatemala para ir a la escuela y después conseguir un empleo. Allí había más oportunidades de trabajo y dinero. Fui a la escuela y aprendí a diseñar y a coser ropa, además de que lo disfrutaba mucho. La mayor parte del dinero que ganaba trabajando se lo mandaba a mis padres al rancho. Luego, me casé en Guatemala y tuve un hijo. Vivimos allí hasta que mi esposo decidió que debíamos venir a los Estados Unidos.

El vino primero. Quería construir una casa aquí y tener suficiente dinero para que nuestro hijo continuara su educación. Finalmente, mi hermano, mi hijo y yo nos fuimos de Guatemala. Volamos a México, y luego abordamos un autobús que supuestamente nos llevaría hasta la frontera con EE.UU. Pagamos 1,800 dólares por persona. El chofer, quien también era el coyote, nos dejó en medio del desierto de Sonora, México; y nos dijo que para cruzar solo teníamos que caminar por cuatro horas. No teníamos ni idea de que pasaríamos cuatro días caminando en el desierto con una bolsita, que dentro tenía un emparedado y una fruta, en caso de que nos diera hambre. Fue muy difícil caminar por cuatro días. No sé como lo hicimos. Cuando parábamos a descansar, yo no podía dormir. Teníamos que acostarnos en el suelo, en el polvo.

Mi hijo de 8 años de edad dormía en mis brazos. No puedo creer que él haya sido tan fuerte como fue. Lo que le dio fortaleza para caminar por ese desierto fue la idea de que pronto vería a su papá, en cuanto llegáramos a Los Angeles. Al fin llegamos a Phoenix, Arizona y ahí nos recogió uno de mis sobrinos. Él nos llevó a Los Ángeles. Me sentí aliviada de haber llegado a salvo a los Estados Unidos con mi hijo. Finalmente pude dormir.

No sé cómo es Guatemala ahora porque no he vuelto desde que me fui. No soy capaz de regresar. No creo que haya cambiado demasiado. Sé que hay hombres violando y matando mujeres sin ningún motivo real. Se ha producido un aumento de los delitos contra la mujer en Guatemala. Creo que es porque a los hombres no les gusta que las mujeres tengan el derecho de hacer otras cosas, en vez de quedarse en casa. Los hombres son machistas y quieren controlarlo todo. La sociedad está cambiando, pero los hombres no quieren aceptar los derechos de las mujeres y el que ellas puedan trabajar o hacer lo que ellos han hecho durante años.

Creo que fue difícil adaptarnos a la vida en los Estados Unidos porque no teníamos mucho dinero. Todavía es difícil para mí adaptarme ya que no habló mucho inglés. Actualmente estoy yendo a la escuela para aprender el idioma, aunque es difícil Estoy aprovechando la oportunidad de estudiar, porque aquí hay varias oportunidades mas. Vivíamos en un apartamento en Richmond, California, pero se ha vuelto muy difícil el vivir en el área de la bahía, la renta es muy cara. Mi familia y yo vamos a regresar a Los Ángeles. Es más cómodo para nosotros vivir allá porque allá vive mi hermana.

Vivir en los Estados Unidos ha sido, sin duda alguna, una lucha, principalmente debido a la barrera del idioma; pero mi hijo, mi esposo y yo vivimos un estilo de vida mejor del que hubiéramos podido vivir en Guatemala. En Guatemala las cosas están cambiado pero no hay las mismas oportunidades que existen en los EE.UU. Definitivamente me gustaría volver a Huehuetenango y visitar a mi familia pero no me gustaría vivir allí otra vez, sobre todo por mi hijo. Mi hijo tiene más oportunidades aquí, en California. Él me ha hecho una madre muy orgullosa porque él se ha convertido en el mejor estudiante de su clase. Por sus logros académicos y tantos premios que ha recibido, yo sé que un día el será un hombre exitoso.



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