Mi nombre es Mario Ramírez Carmona. Nací en San Marcos, Guerrero. Mi padre se llama Alucencio Ramírez Carmona y nació en Estero Verde, Guerreo. Mi madre se llama Udolina Carmona Sánchez y ella nació en Acapulco , Guerrero. Mis padres tuvieron mucho hijos. De hecho, no estoy seguro cuantos exactamente hermanos y hermanas tengo pero puedo decir que soy el segundo hijo, el primer varón y tengo 32 años. Nací en mayo en 1973. Mi hermano más pequeño tiene 5 años y entre él y yo hay muchos otros hermanos y hermanas. Tuve una niñez difícil, con buenas y malas experiencias. Mi familia era muy pobre y yo tuve que trabajar duro toda mi vida para ayudar. Cuando era niño a veces no teníamos que comer y yo no usé zapatos sino hasta que cumplí nueve años de edad. Recuerdo que cuando era un niño me sentía muy triste porque mi padre casi nunca estaba con nosotros. Además de trabajar en el rancho donde vivíamos, él se iba por largos periodos a trabajar en la cosecha de coco a las tierras de otras personas; y también era pescador. Pescaba camarones y luego los vendía para hacer un poco más de dinero. Mi padre tomaba mucho. A veces él regresaba a casa con dinero y a veces no traía nada.
Mis recuerdos más hermosos son de mi madre. Ella era una mujer muy trabajadora y muy amorosa. Estaba encargada de la casa y también cocinaba para mucha, mucha gente. Ella bañaba a los niños, lavaba la ropa a mano en el río, y siempre estaba ahí para nosotros, cuidándonos y guiándonos por el buen camino. A veces sus decisiones eran para mí muy difíciles de entender. Como cuando me sacó de la escuela en cuarto grado. A mí me gustaba ir la escuela y era buen estudiante pero la pobreza nos ahorcaba y mi mamá hizo lo que tenía que hacer, por la familia. Ella me necesitaba en la casa para que cazara y mis hermanos y hermanas tuvieran algo para comer. Después de eso, nunca regresé a la escuela en México. Pero me gustó cazar. Cazábamos iguanas, mapaches, venados y hasta ardillas; pero esos animales no eran como los que se ven en las ciudades. Los mapaches en mi pueblo comían mejor que las personas. También había un río cerca de nuestra casa; así que también aprendí a pescar. Desde que era muy pequeño empecé a trabajar en el rancho con mi papá cuando, apenas tenía como 6 ó 7 años. Un día típico para mi consistía en levantarme temprano, ordeñar las vacas y sacarlas a pastar, y luego mi papá y yo nos íbamos a arar la tierra. Cultivábamos muchas cosas en el rancho: maíz, melones, chiles, frijoles, tomates, calabazas, mangos y cocos. Me acuerdo que a veces estábamos tan ocupados que hasta nos olvidábamos de ir a comer. Entonces, mi madre nos traía la comida al campo.
Nuestro día terminaba a las 5 de la tarde y toda mi familia se juntaba para la cena. Mis abuelos, todos mis hermanos y hermanas, mis tíos y mis primos se sentaban y comíamos juntos. Después de la cena, los adultos se sentaban y tomaban café a la luz de las velas, mientras que los niños corrían y jugaban a la roña o las escondidas. Esos son los recuerdos felices de mi niñez. En ese entonces no me molestaba que no tuviéramos electricidad ni agua potable. Sabía que éramos pobres pero eso era lo común entre las gentes de los ranchos. Nadie que viviera a nuestro alrededor tenía esos servicios así que todos nos considerábamos iguales. Cuando tenía14 años dejé mi casa para ir en busca de mi propio camino en la vida. Mi hermana y yo nos fuimos a Acapulco a vivir con mi abuela. Mi abuela era dueña de un puesto en donde trabajé con ella por un rato. Me levantaba a las 5 de la mañana para ir a comprar fruta fresca y traerla de regreso al puesto. Limpiaba y organizaba todo y para las siete ya estábamos vendiendo la fruta. Después de eso traté de trabajar en la construcción cuando tenía 15 años. Era un trabajo muy difícil, mucho más duro de lo que es aquí en el norte, especialmente para alguien tan joven como lo era yo. Así que renuncié a ese trabajo y empecé a vender botellas de agua a la gente de la ciudad.
Cuando tenía 18 años se presentó una oportunidad para que asistiera a una escuela de fútbol. Allí yo podría estudiar para convertirme en un jugador profesional. Ese era mi sueño, ser un jugador de fútbol profesional. Fui a la escuela por dos meses pero era muy cara y también era mucha responsabilidad el tener que trabajar, cuidar de mi familia e ir a la escuela. Mi familia no me apoyo porque era muy caro y porque necesitaban que yo trabajara para que les mandara dinero. Así que de mala gana dejé la escuela y me fui de Acapulco para viajar a Guadalajara y perseguir otro de mis sueños. Me enlisté en el ejército cuando tenía 19 años. Yo estaba buscando más disciplina en mi vida, sentí que el ejército podía darme respeto así como la oportunidad de poder estudiar y regresar a la escuela. Otra vez, por motivo del dinero, dejé el ejército, esa fue la razón. No me pagaban mucho y mi familia tampoco me apoyo con esa decisión. Me regresé al rancho. Regresé y trabajé en la tierra como mula. Mi padre todavía tomaba mucho y no hacía lo suficiente por mantener y apoyar a nuestra familia. Muchas veces nos quedamos sin comer y mi mamá se preocupaba por él.
Ella no quería que me fuera del rancho pero yo sentía que podía hacer más por mi familia si me iba a la ciudad. Podría hacer más dinero para mandarles que si me quedaba. Así que a los 22 años regresé a Guadalajara para salvar a mi familia. No teníamos dinero para que yo me fuera a la ciudad, pero yo tenía un caballo y esa fue mi fortuna. Era una yegua de raza pura y valía bastante dinero y también la quería mucho. Mi hermano Félix y yo lloramos cuando tuvimos que venderla pero era la única manera de que obtuviéramos dinero y me pudiera ir a Guadalajara. Recuerdo que mi madre me dijó que cuando llegara a la ciudad iba a poder hacer mucho dinero y que compraría mi yegua otra vez. Entonces regresé a la ciudad y otra vez a trabajar. Estaba constantemente preocupado por el dinero y sentía como si no pudiera encontrar una salida. Yo tenía un amigo, Israel, que quería venirse a los Estados Unidos y quería que yo me viniera con él. Pensé que no tenía nada que perder así que acepté. Yo todavía no tenía dinero así que él me prestó para que viajáramos juntos a Tijuana. Así éramos de pobres, tuvimos que abordar un autobús, porque no teníamos dinero para comprar los boletos de avión. Mi hermana, María de la Luz, vivía en Tijuana. Ella no sabía que yo estaba en camino. Pensé que me permitiría quedarme con ella, entonces simplemente aparecí un día y la llamé.
Cuando llegué a Tijuana viví con mi hermana y trabajé como taxista para poder ahorrar un poco de dinero y pagarle a un coyote para que me llevara a los EEUU; pero el trabajo no dejaba tanto dinero como yo esperaba. A veces ni siquiera tenía para pagar la renta del carro. Mi hermana me ayudó. Mientras que yo estaba tratando de cruzar para el otro lado, mi hermana estaba ahorrando para pagarle al coyote. Es muy difícil subir la montaña cuando se es tan pobre. Trate de pasar siete veces antes de que finalmente lo lograra. Tuvimos que cruzar el desierto sin comida ni agua. Recuerdo que en una ocasión todo lo que traía era una naranja y una botella de agua. Tuve que preservarlas lo más que pude porque no sabía cuánto tiempo estaría allí. Fui arrestado varias veces por la policía de migración norteamericana. La migra es quien le hace la vida imposible al inmigrante. Después de ser arrestado, y antes de que me entregaran a las autoridades mexicanas, tenía que pasar la noche en una celda en la cárcel. Luego me dejaban ir en Mexicali. Yo no tenía familia ahí ni dinero, solo tenía que seguir intentándolo hasta que lo lograra. Finalmente en diciembre del 2002 lo logré. Crucé a San Diego y luego me dieron un aventón hasta Los Angeles de donde me trajo un coyote hasta Oakland. Mi amigo Israel ya estaba en Oakland y también uno de mis tíos. Mi hermana le había mandado dinero a mi tío para que, en cuanto llegara, pagarle al coyote.
Pensé en irme a las Carolinas o a Chicago porque yo sabía que otras personas habían ido a buscar trabajo ahí. Pero aquí en Oakland ya había un grupo de personas con las que había crecido en el rancho. Los que ya estaban establecidos nos ayudaban a los que veníamos llegando. Nos prestaban dinero y nos proporcionaban un lugar en donde quedarnos. Tenía unos cuantos familiares que me ayudarían a encontrar trabajo. Ellos me dijeron que había muchos empleos aquí. Vi que todos estaban bien y viviendo una vida confortable, así que por eso decidí quedarme en el área de la bahía. Fue difícil para mí el establecerme aquí. Sabía muy poco de la lengua y de la cultura. Mi primer trabajo fue de lavaplatos, me la pasaba en la esquina en donde nadie me hablaba, de esa manera mi inglés limitado no era un problema. Durante ese tiempo, estudié inglés y fui a la escuela un par de meses. Extrañé mucho mi hogar y mis emociones por estar aquí cambiaban. A veces mi espíritu estaba en lo alto pero a veces decaía. Desde que llegué aquí empecé a beber mucho porque estaba deprimido. Después de 5 ó 6 meses de estar aquí conocí a mi novia Liz, y me di cuenta de que deseaba tomar mi vida con más seriedad y concentrarme en mi relación y en mi trabajo. Quería casarme algún día y tener hijos, entonces supe que tenía que dejar de tomar. Había visto lo que les sucedió a algunos de mis familiares por beber tanto y no quería eso para mí. Dejar de beber fue un proceso lento, pero los últimos dos años han sido excelentes. Así que ahora estoy trabajando muy duro. Tengo dos empleos, trabajo como cocinero en un restaurante y en la construcción en las temporadas agradables.
Desde que llegué a los Estados Unidos mi familia en México está mejor. No son ricos pero si viven mucho mejor que antes. No les mandó dinero cada mes como hacen otras personas pero si lo hago cada vez que puedo. Mi hermano se casó hace poco y aunque no pude ir le mandé dinero para ayudarle a pagar su boda. Estoy planeando regresar a México algún día. No irme a vivir allá necesariamente, pero sí ir de visita. Mis padres todavía viven allá y extraño mucho a toda mi familia. Cuando me case, me gustaría hacer la boda en México, creo que sería muy bonito. Todavía no he hablado con un abogado para tratar de obtener mi residencia legal o la ciudadanía, pero pienso en ello todos los días. Cuando la gente viene para acá su sueño es el obtener la ciudadanía porque es muy difícil vivir aquí sin papeles. Todas las noches me voy a la casa pensando si mañana será el día en que me arresten. Me arrestaron una vez, en el tiempo en que tomaba mucho y ahora me preocupa que eso vaya a arruinar mis posibilidades de obtener un estatus legal. Pero como dije antes, estoy pensando seriamente en mi vida y me gustaría casarme, así que se que próximamente estaré iniciando el proceso para obtener mi ciudadanía.
Mi vida es buena aquí en EE.UU. Soy feliz aunque también extraño mi casa. Sé que tengo muchas cosas aquí y que no tendría si estuviera en México. Tengo a mi novia, puedo ayudar a mi familia para que vivan mejor; si me da hambre, siempre tengo comida, y en las noches siempre hay cobijas para cubrirnos. Mi novia es norteamericana y nuestros hijos serán tanto biculturales como bilingües. Ellos tendrán muchas oportunidades que yo nunca tuve y estoy agradecido por eso. Pero nací y crecí en México y nunca olvidaré a mi país. Siempre me identificaré con la cultura mexicana y siempre seré mexicano.