Migration Story
California State University East Bay 
       

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María del Carmen Valdez

Escrito por: Claudia, Noviembre 11, 2005

Mi nombre es María del Carmen Valdez. Nací el 16 de julio en 1952, en la ciudad de San Salvador, El Salvador. Viví en Mejicanos hasta los 27 años de edad. Mi papá se llamaba Alfredo. El falleció antes de que yo naciera de complicaciones hepáticas que no tuvieron nada que ver con el consumo de alcohol. Él tenía dos hermanos y tres hermanas. Todas sus hermanas se hicieron maestras pero solo una se casó. El nombre de mi madre es Rafaela Flores y ella fue hija única. Ella vive conmigo y ya tiene 82 años de edad. Cuando yo era pequeña mi madre y yo vivíamos con su mamá, mi abuela, quien me quería mucho. Cuando yo tenía 7 años mi mamá me inscribió en una escuela muy famosa del San Salvador, se llamada Amalia Villa de Meléndez; luego me fui a Santa Catalina.

Durante mi infancia nunca sentí ningún problema económico. Tenía todo lo que necesitaba y deseaba. Mi madre heredó la casa en la que vivíamos de mi abuela y abrió una tienda allí. Detrás de la casa de mi mamá había varias habitaciones, similares a los cuartos traseros que figuran el patio de algunas casas, y los alquilaba a la gente. También recuerdo que nuestra familia siempre vendió leña. Nunca trabajé porque mi madre no me lo permitía, pero creo que también porque no había ninguna necesidad. Los negocios de mi madre proveían lo suficiente para ella, mi hermana y para mí. Recuerdo que cuando me enviaba al mercado a comprar las cosas para el almuerzo y la cena, me sobraba suficiente dinero para también comprar las cosas para del desayuno.       

Yo tenía alrededor de 21 años cuando me di cuenta que la situación económica  empezó a empeorar. Fue durante los años 1970 que las cosas empezaron a subir de precio. La gente empezó a sentir la pobreza de una manera más severa, pero los ricos terratenientes no querían aumentar los salarios de los campesinos. Los ricos explotaban al pueblo. Yo nunca vi que la gente pobre viviera en la ciudad, pero a veces pasaban pidiendo comida, dinero o cualquier cosa que se les quisiera dar. Nuestra familia les daba ropa y todo lo que se podía.            

Poco a poco, los estudiantes de la Universidad Nacional de El Salvador empezaron a manifestarse contra todas las injusticias económicas. En mi ciudad había una gran cantidad de estudiantes y profesores universitarios. Las protestas comenzaron a ganar fuerza y en respuesta a eso, el ejército salvadoreño empezó a dispararle a las personas. Unos amigos me invitaban a unirme a una manifestación pero yo ya tenía a mi hijo y siempre tuve miedo de participar en algo que pudiera causarle problemas a mi familia. También sabía que algunas personas asistían a las manifestaciones con el fin de obtener los nombres de los líderes para luego entregárselos a los militares.      

En 1979, las cosas se pusieron peor. El presidente Romero fue removido de su cargo. Un partido político que era cada vez tenía más fuerza era el FMLN, quienes eran apoyados por el partido Sandinista de Nicaragua. Los Sandinistas siempre intervenían mediante la contratación y educación de estudiantes salvadoreños en Nicaragua. En nuestra familia éramos miembros del partido de La Democracia Cristiana. Nos gustaba asistir a la iglesia en Mejicanos. En San Salvador atendíamos a la misa que era celebrada por Monseñor Romero, quien hablaba en contra de las injusticias del gobierno. Mi familia sentía que era demasiado peligroso asistir a sus misas porque siempre había periodistas y fotógrafos de tomando nota todo y fotos de quienes asistían a las misas.

No estábamos de acuerdo con lo que estaba pasando, pero teníamos demasiado miedo de participar en alguna protesta. El gobierno era el Partido Nacional, que se conoce como la derecha. Comencé a ver tanques militares en mi pueblo y después a muchachos muertos. Los niños tenían amarrados las manos y los pies y su sangre en el suelo. Algunos de los muchachos fueron decapitados. Esos niños fueron asesinados por los militares. Mi primo, el hijo de la hermana de mi papá, fue asesinado por andar en las protestas. Ya no podía ir al mercado sin ver niños muertos y tanques en las calles. Los rumores eran que la ciudad de Mejicanos iba a ser tomada por la guerrilla. Yo tenía a mi hijo y tenía miedo de que el ejército o la guerrilla fueran reclutarlo. En nuestra ciudad fue impuesto un toque de queda. Los niños empezaron a desaparecer de las escuelas locales y yo tenía mucho miedo porque la escuela de mi hijo había sido atracada por el ejército y la guerrilla.

Mis amistades me convencieron para que me viniera a los Estados Unidos. Empecé a hablar con mi mama y decirle que El Salvador se había vuelto un lugar  demasiado peligroso para vivir y que quería irme. A finales de 1979, me fui con mis amigos. Yo había obtenido una visa para viajar por México, y Centro y Sudamérica. Cruzamos la frontera hacia Guatemala en un autobús con alrededor de otras doce personas más. Siempre fuimos cuidadosos porque muchos de los que eran coyotes nos querían estafar. Dormimos una noche en Guatemala y luego dos noches en México. Tomamos un autobús a Sinaloa y después otro autobús de Armosia a Tijuana. El coyote que nos ayudó a cruzar se llamaba Fausto- no creo que todavía viva. Nos llevó a un rancho donde otras muchas personas más esperaban para cruzar la frontera. Había dominicanos, guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses... todos por causa de las guerras en nuestros países.

Fausto nos dio ropas de campesinos para que nos vistiéramos La única comida que nos dieron fue una enorme bolsa de tortillas, un galón de jugo y frijoles cocidos. Pasamos la mitad del día en una iglesia y luego fuimos recogidos por un hombre que tenía un Cadillac enorme. El hombre era un ganadero. Me senté en el asiento delantero, mientras cruzamos la frontera. Nadie buscó en nuestro coche. Creo que fue porque era un hacendado rico. Cuando llegué a San Clemente, me metieron en el maletero de un coche. Estuve ahí hasta que llegamos a la ciudad de Los Ángeles. Ahí estuve en una cochera por dos días.            

Cuando hice los arreglos para venir a los Estados Unidos, pagué para que me llevaran con la familia del padre de mi hija en Nueva York. Sin embargo, cuando llegué a Los Ángeles, el coyote me dijo que sólo se le pagó lo suficiente para que me llevara a Los Ángeles. Tuve suerte de conocer a un hombre mayor que tenía una sobrina ahí. Ella vivía en una casa enorme y su marido era ingeniero. También a al señor lo habían estafado, porque supuestamente no pagó lo suficiente para llegar hasta Chicago. Otras tres mujeres y yo fuimos con él a casa de su sobrina. Ella fue muy buena al permitir que nos quedáramos con ella, e incluso, a mi me ayudó a conseguir trabajo. Comencé a trabajar en una tienda de licores, pero terminé dejando ese empleo porque mi jefa no quería que yo estuviera en contacto con mi familia en El Salvador. Creo que era lesbiana. Yo tenía miedo y me quejé con la sobrina del señor. Ella de inmediato me consiguió otro trabajo en una fábrica en la que trabajé por dos meses y medio.

Yo tenía un amiga que vivía en Burlingame y me fui para reunirme con ella. Después conocí a mi amiga Elizabeth. Ella me ayudó a conseguir trabajo como empleada doméstica con una familia rica del Medio Oriente. También tenía otro trabajo de limpieza en otra casa, dos días a la semana. Nunca me tomé un día libre porque estaba ahorrando dinero para traer a mi madre, y a mi hijo e hija. Con el tiempo junté y pagué 7,500 dólares para que trajeran a mi familia a los Estados Unidos. Mi familia tomó un avión a México y luego cruzó por Tijuana hacia Estados Unidos.



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