Migration Story
California State University East Bay 
       

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Laura Murphy 

Escrito por: Joyous Halder
Traducido por: Vidal Ramírez y Enrique González 

La llegada a América fue también emocionante por otra razón, finalmente, por primera vez, llegue a conocer a mi hermanita, que entonces tenía tres años.

Mi nombre completo era Laura Obispo, y después de que me casé fue cambiado a Laura Murphy. Nací en San Salvador, El Salvador, de Ana y José Obispo el 11 de setiembre de 1970. Yo soy la mayor de tres hijos, tengo un hermano menor y una hermana. Crecer en El Salvador fue un período muy feliz en mi vida. No recuerdo mucho de mi país o mi vida allí, pero los pocos recuerdos que tengo me han mantenido consciente y conectada con mi cultura y tradiciones. Hablar en español, comer alimentos típicos y celebrar mis tradiciones culturales me han ayudado a apreciar lo que soy y de dónde vengo.

Crecer para mí fue un tiempo para estar cerca de mi familia, especialmente con mi abuela que fue una parte muy importante de mi infancia, también un tiempo para divertirme y disfrutar de la vida, mientras que compartía la alegría con mis amigos y familia. Mis padres estaban bastante ocupados con sus trabajos por lo que una gran parte de mi tiempo después de la escuela me la pasaba en la casa de mi abuela. Mi papá era carpintero, y mi mamá era maestra de sexto grado. A pesar de que mis padres tenían un montón de deberes y obligaciones que debían cumplir por motivos de trabajo o el cuidado de la casa, una cosa que hicieron con seguridad era  poner a mi hermano y a mí como su principal prioridad.

Cuando tenía unos cinco años ocurrieron varias cosas que estaban fuera de lo común y muy difícil de superar. No recuerdo mucho sobre la guerra, pero vagamente puedo recordar algunos recuerdos, como por ejemplo, cuando mi mamá y mi papá tuvieron que emigrar a los Estados Unidos sin nosotros, debido a la guerra, porque viviendo allí empezó a ser un riesgo y un peligro de seguridad. Creo que fue alrededor de 1975-1978, los años que mis padres se mudaron aquí, y mi hermano y yo nos quedamos a vivir con mi abuela. Vivir sin mis padres por varios años fue muy difícil y muchas veces me sentí muy sola, pero mi abuela, tíos, tías y primos hicieron de esto una situación muy agradable y bien divertida. Extrañaba mucho a mi mamá y a mi papá durante las funciones escolares, eventos familiares y sin duda  durante mis años de pre-adolescente. Durante esos años sucedió algo trágico que fue devastador, mi anciana abuela tuvo un ataque cerebro-vascular que la dejó paralizada y muy enferma, a causa de su frágil salud, no tenía la energía o la capacidad para cuidar de nosotros, así que mi hermano y yo nos trasladamos a vivir con mi tío.

Mi tío tiene tres hijos con  similares edades a la nuestra, por lo tanto vivir con ellos fue muy divertido y memorable. Recuerdo que regresaba de la escuela y jugaba con mis amigos, primos y mi hermano, luego íbamos a dormir la siesta antes que nosotros hiciéramos nuestra tarea de la escuela. Vivir en El Salvador fue breve y a la vez muy alegre y despreocupado, lo que hizo mi experiencia fabulosa. En noviembre de 1982, cuando tenía doce años me vine a los Estados Unidos junto con mi hermano, tío y sus tres hijos. Venir aquí fue un largo y frío viaje. Mi tío no quería que los dos voláramos solos y además era muy costoso para volar, así que todos decidimos venir aquí en el coche de mi tío. Con mucha comida y paradas para ir al baño, varias noches que se pasaron en moteles, finalmente llegamos a los Estados Unidos en tan sólo siete largos y aventureros días. Por fin mi hermano y yo estábamos reunidos con mis padres después de siete años, fue un día increíble, ya que hacía mucho tiempo que no veíamos a nuestros padres. La llegada a América fue también emocionante por otra razón, finalmente, por primera vez, llegué a conocer a mi hermanita, que entonces tenía tres años.

Justo después de que llegué a los Estados Unidos recibimos una terrible noticia de mi familia en El Salvador que nos conmovió y nos devastó a todos y especialmente a mí. En 1983 mi dulce abuela falleció, ella sólo estaba en sus cincuentas. Después de su ataque cerebro-vascular, estaba paralizada por completo, y a través de los años su cuerpo empezó a deteriorarse, lo que causó su muerte. Yo la quería mucho, era mi guardiana, mi amiga, conserje y sobre todo, mi dulce abuela que nunca olvidaré.

Durante mis años de adolescencia nada realmente emocionante pasó, excepto atravesar año difíciles en tan corto periodo de tiempo, pero luego fue como si nunca se terminara. Durante mi último año de secundaria me encontré con George. George y yo empezamos a ser amigos y poco después empezamos una relación, algo que se convirtió en algo inesperado. Inmediatamente después de la escuela secundaria di a luz a mi hijo mayor, Daniel. George era católico, pero yo era testigo de Jehová a pesar de que originalmente era católica al igual que el resto de mi familia. La religión era y sigue siendo una parte importante de mi vida, y fue para George también. Debido a nuestras peleas constantes, tratando de decidir a que religión mi hijo debía seguir, empezamos a sentir una tensión en nuestra relación, que fue otra razón de nuestra ruptura.

Tuve la suerte de tener familiares que pudieron ayudarme a criar a mi hijo por el primer par de años. Mis padres estaban allí para apoyarme financiera y mentalmente, tener un hijo a los dieciocho años era muy difícil, pero como ya he dicho, con la orientación de mis padres era más fácil para mí hacer el papel de madre. En 1991, mi padre falleció, algo que causó una fuerte depresión en nuestra familia. En ese momento mi mamá se sintió extremadamente sola, con tantas responsabilidades para ella sola, ella tenía tres de sus propios hijos y también su nieto en qué pensar, ahora sin ninguna ayuda.

No trabajé hasta que Daniel tenía edad suficiente para ir a la escuela, fue cuando así empecé a enfocarme en una carrera. Tuve un trabajo en SBC durante cinco años, pero como nuestro departamento fue cerrado, yo me quedé sin trabajo, y desde entonces trabajo en el Wells Fargo Bank, y he estado trabajando allí poco más de un año. En 1992 conocí a un hombre en mi iglesia, que pronto iba a cambiar mi vida,  su nombre es Walter Murphy. Salimos por un tiempo y en 1997 decidimos casarnos. Casarme con él era una bendición no sólo para mí sino también para mi hijo que ahora tiene un padre.

Después de Daniel, tuve una brecha bastante larga para tener a mi segundo hijo; cuando Daniel tenía dieciséis años, di a luz a mi dulce Michael; luego, un año y medio más tarde, fui bendecida con otro muchacho precioso, el cual ahora tiene tres meses de edad y le pusimos David. Mis embarazos con todos mis hijos fueron rápidos y sin dolor. Para mí, mis hijos son como los ángeles que fueron enviados de Dios, y no pasa un día que no estoy agradecida por ellos. Desde el nacimiento hasta ahora no me dieron nada más que alegría y tesoro cada momento.

Desde mi infancia hasta mi vida adulta he sido muy afortunada en cuanto a mi salud, la seguridad de mi familia y la vida en general. Creo que se puede decir que he tenido una vida muy normal y alegre cuando yo era una niña, y ahora todavía tengo el mismo tipo de vida, pero aun mejor, porque ahora tengo mi propia familia, con un marido maravilloso y tres hermosos y preciosos niños. Yo fui una niña feliz y todavía soy una feliz niña/hija/esposa/madre y sin mencionar una mujer.

SBC, siglas en inglés de la compañía de comunicaciones “Southwestern Bell Corporation”fusionada con AT&T


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