Mi nombre es Juana Duran. Nací en Guatemala el 12 de junio de 1963. Yo vivía con mi madre en casa de su abuela en la ciudad de Guatemala. En un barrio de clase media baja. Mi madre nació en Antigua, Guatemala. Ella es de ascendencia italiana y española. Mi padre adoptivo no hablaba mucho sobre su pasado, pero él nació en Hungría, se crió en Chile y después se trasladó a los Estados Unidos.
A la edad de 3 años, yo me quedé con mi abuela y mi tío porque mi madre viajo a los EE.UU. para encontrar un buen trabajo. Todos vivíamos en una casita que tenía un dormitorio y una cocina-comedor. También había una pila (un lavabo enorme con una tina cuadrada llena de agua) en la parte posterior de la casa, que se utilizaba para lavar la ropa y los platos. Fui a una escuela elemental privada y a la primaria George Washington. Cuando vivía en Guatemala me acuerdo que íbamos a la iglesia todos los domingos, las mujeres llevaban un velo sobre sus cabezas y los hombres se quitaban sus sombreros. Yo solía ir a la tortillería, donde había mujeres indígenas haciendo tortillas a mano. Cuando iba al mercado, compraba fruta fresca, que tenía mucho mejor sabor que la fruta que tenemos aquí en los EE.UU.
También recuerdo ir a la playa y a la celebración de las fiestas de cumpleaños en casa de mi abuela. Durante la época de Navidad, íbamos a la iglesia a la medianoche, y nos enseñaban que los regalos no eran parte importante de la Navidad, aunque si recibíamos algunos. En general, fue una infancia feliz. En el comedor de la casa de mi abuela había un gran espejo. Yo solía verme cada vez que íbamos a comer. Me miraba en el espejo incluso cuando estaba sentada en la mesa. Mi tío adolescente me decía que dejara de mirarme tanto en el espejo. Un día, él se enojó y puso una cartulina sobre él espejo para que ya no me viera a mí misma.
Recuerdo otro día cuando yo estaba viviendo con uno de mis tíos ricos, el tenía animales en su granja; y en una ocasión el me pidió que fuera a recoger todos los huevos de las gallinas. Una gallina fue a poner un huevo y yo no sabía que estaba ahí incubando, así que cuando yo traté de agarrar los huevos, la gallina me arañó la cara. Desde ese día aborrezco a las aves.
Cuando estaba en la escuela elemental gané un concurso de belleza. Mi abuela me compró un hermoso vestido y una diadema para que me la pusiera durante el concurso. Los estudiantes y sus padres tenían que comprar votos con el fin de apoyar a su candidata, una niña, para que pudiera ganar. Yo estaba compitiendo con otras tres niñas en la misma categoría y gané. Había una niña que estaba muy enojada porque yo había ganado. Gané principalmente porque un chico que estaba enamorado de mí compró una gran cantidad de votos para apoyarme. El terminó siendo mi acompañante a pesar de que a mí no me gustaba.
En mi familia, mi abuela, mi mamá y la hermana de mi abuela prácticamente no recibieron ningún tipo de educación académica. Ellas no tuvieron apoyo para que fueran a la escuela, lo contrario a lo que sucedió con los hombres de la familia. Las mujeres se quedaban en casa a cocinar, limpiar y cuidar de los niños. Había más oportunidades de empleo para los hombres que para las mujeres. Mi madre y su hermano vivieron en Ciudad de Guatemala con una tía rica que estaba casada con un estadounidense.
Cuando mi madre regresó a Guatemala, llego con su nuevo marido e hijo de nueve meses. Ella se enamoró de él cuando vivió en Cleveland, Ohio. Mi madre preparó todo para que su marido me adoptara y me diera su apellido. Ellos compraron una bonita casa de dos pisos en Guatemala y vivimos allí todos solo un año porque mi papá no podía adaptarse a nuestra cultura guatemalteca. Mientras vivimos allí, mi madre tuvo la ayuda de una niñera y un cocinero para cuidar de mí, mi hermano de un año y mi hermanita. Ella no creía que las niñeras cuidarían bien de nosotros pero también necesitaba ayuda porque era mucho trabajo el cuidar de nosotros tres. Además necesitaba que alguien le ayudara para ir al mercado y para lavar la ropa, lo que en ese entonces se hacía a mano, y colgarla en un tendedero para que se secara.
A la edad de 7 años, mi familia y yo nos mudamos de Guatemala a Cleveland. Aunque mi padre era ciudadano norteamericano, y las agencias entregaban los documentos con mayor rapidez que ahora, no sé si realmente mis padres ya obtuvieron documentos legales para mí. Todos nos mudamos a Cleveland y vivimos allí durante un par de años, cansados por el frío. Mientras vivía en Cleveland, mi padre trabajaba reparando cámaras y mi madre se quedó en casa con mis hermanos y conmigo. Vivíamos en una casa de dos pisos, pero alquilábamos el piso superior a otra familia. Unos años más tarde, mi padre decidió mudarse a San Antonio, Texas. Después de un par de años de vivir ahí, decidió mudarse otra vez, a San Francisco, porque también lo cansó la humedad de Texas.No creo que regrese a Guatemala porque ya estoy acostumbrada a vivir aquí y la vida allá es tan diferente hoy en día. En los años sesentas y setentas yo podía caminar alrededor de la ciudad sin preocupaciones. Ahora una persona no puede caminar en la ciudad con ningún tipo de joyería porque se la roban. Ahora la mentalidad es diferente, hay mucha gente mala. El país es muy diferente a lo que era antes en condiciones y en mentalidad. No me gustaría exponer a mi familia al ambiente de allá aunque hubiese sido agradable para ellos conocer el lugar en donde crecí, mi cultura, ni comida, y más importante todavía, mi familia.
Extraño terriblemente mis tíos, tías, primos. Todos ellos viven en Guatemala y les gusta vivir porque están bien y tienen buenos trabajos. Mi tía que está casada con un americano, aun es rica y tiene una propiedad en Florida; uno de mis primos trabaja para el gobierno; otro es propietario de un salón de belleza; otro tiene una gasolinera; y mi tío, el ginecólogo, tiene su consultorio privado. Otro de mis tíos se mudó a Los Angeles en busca de un mejor estilo de vida. El se casó con una ciudadana y trabaja en una compañía de jardinería En Guatemala el tenía su propia tierra y la cultivaba haciendo buen dinero. Se vino a los EE.UU y todavía está luchando para poder mantenerse. Tiene 70 años y el y su familia viven en un apartamento. El todavía no sabe hablar inglés. Siento que es muy difícil progresar en los EE.UU cuando no se sabe hablar el idioma ni se tiene educación superior para poder obtener un trabajado que pague bien.
Mi abuela estuvo enferma cuando yo estaba embarazada con mi hijo. Y quería ir a verla en sus últimos días pero me dijeron que no podía volar porque ya tenía ocho meses de embarazo. Me deprimí mucho cuando ella murió y hasta este día todavía me entristece el pensar en ella. Me siento muy mal porque no pude estar ahí para decirle adiós. Ella era como mi madre, porque ella fue quien me crió. Me trató como si yo fuera su propia hija.