Me llamo Jorge Alvergue, nací el 6 de julio de 1968 en San Salvador, El Salvador. Mis padres se llaman Sonia Rivera y Pablo Mauricio Alvergue. El estatus social de mi padre es de clase media y él creía en la doctrina social cristiana viniendo de una carrera intensa en leyes. Durante su época en El Salvador sus valores cristianos se fueron perdiendo hacia el socialismo. Era la época en que el Presidente General Carlos Romero fue arrestado. Durante ese tiempo había dos partidos políticos importantes que luchaban uno contra otro. Estos dos partidos políticos eran la Democracia Cristiana (DC) y el Partido de Conciliación Nacional PCN. La Democracia Cristiana creía en la justicia social y la unión con la iglesia católica y el Partido Conciliación Nacional creía en la protección de los ricos por el gobierno militar.
Mi padre no era partidario de ninguno de los dos partidos pero si tenía sus convicciones de justicia social. Yo soy el séptimo de mis hermanos. Tengo cinco hermanas y un hermano. El tamaño total de mi familia era de nueve sin incluir a las tres criadas que vivían en casa. Mi hermano, mis hermanas y yo tuvimos la mejor educación en San Salvador. Nuestro sistema educativo estaba compuesto por tres tipos, las escuelas bilingües, que era un buen tipo de escuela si querías aprender diferentes idiomas, pero estas escuelas estaban corrompidas por el narcotráfico. Las escuelas católicas estaban siendo reclutadas por la guerrilla comunista. Y en tercer lugar, las escuelas públicas las cuales carecen de recursos económicos. Así que mi hermano y yo terminamos en una escuela de frontera a través de nuestros años de primaria. Mis hermanas terminaron su educación en escuelas católicas, ya que en El Salvador son escuelas mixtas.
En cuanto a la carrera de mi padre, él era más reconocido por su carrera política que por su práctica legal. En 1977 mi padre tuvo un caso muy importante que cambió nuestras vidas en San Salvador. Defendió a dos estudiantes que estaban siendo acusados de ser los parientes de José Napoleón Duarte, un líder revolucionario en El Salvador. A ellos los asociaron con él por el sólo hecho de tener el mismo apellido "Duarte", pero no estaban relacionados. Mi padre tomó el caso y los declaró inocentes, y al comandante de esa comunidad que arrestó a los estudiantes no le gustó la idea. Así que el comandante envió sus tropas para matar a mi padre, pero por suerte mi padre estaba de viaje con nosotros de vacaciones. Los compañeros de mi padre le advirtieron que lo estaban persiguiendo. Entonces mi padre decidió dividir a la familia porque sintió que su vida estaba siendo amenazada por su carrera política. Esta fue la época que en El Salvador, al igual que en muchos países centroamericanos, la gente estaba siendo asesinada, secuestrada, torturada y la hacían a la fuerza renunciar a sus opiniones políticas. En la mayoría de los casos, políticos de gran importancia o líderes habían sido secuestrados y torturados por años y después los mataban. Por suerte, en nuestro caso las cosas resultaron un poco diferentes y pudimos escapar. Cuatro de mis hermanos pequeños volaron a San Francisco, en los Estados Unidos, donde teníamos familiares que ya vivían allí. Fuimos bendecidos porque debido a las influencias de mi padre pudimos obtener visas y volar a cualquier parte del mundo. En la mayoría de los casos las personas que estaban siendo amenazadas se veían obligadas a tomar el camino más peligroso, que es viajar ilegalmente a Estados Unidos, como muchos inmigrantes que lo hacen por todo Centroamérica. Los miembros de mi familia viajaron a Costa Rica con mi padre. Así que seguimos nuestras vidas en los Estados Unidos y nos adaptamos a un nuevo estilo de vida. No experimenté un choque cultural, pero si una decepción de la familia. Fue realmente la primera vez que no vivía con mis padres y por primera vez me valí por mí mismo. La escuela, a la que asistí en los Estados Unidos, era bilingüe, así que no tuve dificultades para adaptarme. Nos quedamos aquí por tres años. Después que todos los problemas políticos se resolvieron de alguna manera en El Salvador, mi padre decidió que teníamos que regresar a El Salvador (1980). Durante ese tiempo El Salvador no tenía un presidente, había un grupo pequeño de líderes que eran vistos como un poder ejecutivo (gobierno interno). El Salvador seguía luchando en una guerra civil que causó que muchas personas abandonaran el país. Y durante este año muchos políticos habían sido asesinados y también muchos de sus familiares. Pero la corrupción y la injusticia no tardarían en llegar a su fin. Así que a mi padre le ofrecieron el trabajo de asesor político del presidente (Ministro de la Presidencia). Durante este tiempo muchos temas políticos estaban cambiando en todo el mundo. El Presidente Reagan firmó la reforma migratoria para todos los países centroamericanos que estaban en guerra civil. Al mismo tiempo terminó la guerra fría. Mi padre tomó la posición de embajador ante la Casa Blanca durante dos años. Tuve el privilegio de ver y vivir la realidad de dos partidos políticos. De hecho, admiraba a mi padre porque siempre daba la cara por lo que él creía que estaba bien y siempre aseguraba de que nosotros (sus hijos) estuviéramos conscientes de los conflictos políticos y los problemas que sucedían en el mundo. Mi familia se trasladó a Guatemala porque mi padre trabajó allí como embajador por un año. Yo tenía diecinueve años y ya me había mudado diez veces. Yo en realidad nunca tuve un verdadero hogar porque nunca nos quedamos el tiempo suficiente para hacer un hogar. Guatemala para mí fue un choque cultural porque es un país que tiene una cultura muy nacionalista y comparada con El Salvador, los salvadoreños son muy internacionalistas. Para mí fue muy difícil adaptarme a la cultura guatemalteca porque mis puntos de vista políticos eran muy diferentes a las de ellos. Los grupos indígenas estaban más preocupados por su realidad aislada y asumir la realidad de todos era lo mismo. Después de que el año transcurriera nos mudamos a El Salvador.
Siendo el séptimo hijo y el más querido por mi padre decidí regresar a Washington para enlistarme al ejército como lo hizo mi hermano. Siempre quise que mi padre estuviera orgulloso de mí y pensé que al enlistarme, ante los ojos de mi padre, sería una mejor persona. Pero cambié de opinión y decidí regresar a El Salvador. En lugar de enlistarme al ejército decidí estudiar arte. Sentí mucho más desahogo en el arte, ya que me permitía ser libre y aceptar el mundo tal como es. O quizás porque sentía una decepción por mi padre quien pensaba que iba a convertirme en un político como él. Así que estudié arte durante cuatro años y luego decidí mudarme con mis viejos amigos de Miami. Durante ese tiempo, mi padre continuó su carrera política. Y decidí quedarme con mi madre, pero por el otro lado, nos mudamos a diferentes lugares del mundo.
Pensé que Miami era un lugar que era gobernado por cubanos quienes tenían su ideología sobre el mundo mismo. Así que me sentí inestable allí y me mudé hacia San Francisco. Mi hermana mayor se encontraba ya en San Francisco, así que decidí mudarme con ella. Yo había estado en San Francisco cuando era niño, pero mi experiencia como adulto fue muy drástica. Siempre he tenido el apoyo financiero de mis padres, porque nunca he tenido que trabajar para ganarme la vida. Pero había comenzado la Guerra del Golfo y la recesión económica afectó una gran parte del pueblo estadounidense. La recesión no duró mucho, pero mi vida tomó otro giro.
Viviendo en San Francisco, decidí regresar a El Salvador porque no estaba de acuerdo con el sistema de desempleo o los programas sociales que empujan a la gente a soñar. Siempre he creído que el gobierno no debería permitir que muchos de los programas sociales sean intervenidos por el gobierno. Dado que los programas sociales sólo llevan a la bancarrota nuestro sistema y aumentan los impuestos a los que realmente trabajan para ganarse la vida. Así que decidí que era mejor para mí regresar a El Salvador y vivir una vida digna. Nunca he creído en el “Sueño Americano” porque tiene un historial político de trasfondo, conozco la diferencia y yo sé que este sueño no existe para todos.