Migration Story
California State University East Bay 
       

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Jesús Angel Martínez

Escrito por: Dung Tran 
Traducido por: Miguel Pimentel y Rebeca Servín- García 

Puedo recordar al abrir una bolsa de arroz, que estaba tan limpio, sin ningún tipo de bacteria o germen. Estaba sorprendido por cómo son las cosas aquí.

Mi nombre es Jesús Ángel Martínez. Yo soy del Pueblo Presidio Tepehuanes, Durango, México. Tengo treinta y un años y he estado en los Estados Unidos durante catorce años. Tengo un hermano que es tres años más joven que yo. Creo que mi historia es importante para la cultura de los inmigrantes porque batallé para obtener mi ciudadanía. Cuando yo era un trabajador fijo fui arrestado por posesión de drogas. Tuve que superar mi estilo de vida y cambiar la forma de comportarme para demostrar que merecía la ciudadanía estadounidense. Al haber sido detenido mientras estaba en el programa de trabajadores permanentes se agregó tres años más para la lista de espera. Se suponía que debía ser un ciudadano en cinco años sin embargo se convirtieron en ocho. Finalmente obtuve mi ciudadanía. Aquí está mi historia.

En mi antigua ciudad de Pueblo Presidio Tepehuanes, todo el mundo vive debajo del umbral de la pobreza. Allí, todo el mundo era pobre y faltaban las necesidades básicas. La mayoría de personas trabajaban en sus propias fincas o ranchos. La gente cambiaba el producto que cultivaban y los animales que tenían por los diferentes tipos de alimentos u otro tipo de animales. Los recuerdos más inolvidables que tengo de la ciudad era el hecho de que todo era tan simple. No había pagos hipotecarios, tarjetas de crédito, turnos de ocho horas o facturas del coche. Recuerdo que tan acogedor uno se sentía en Tepehuanes. Todo el mundo sabía el nombre de los demás y todo el mundo era amable. Oakland no es nada como esto. Al igual que todos los mexicanos que viven aquí, los festivales del cinco de mayo y los de Pancho Villa son los eventos más memorables que recuerdo.

Mi ciudad tenía un liderazgo corrupto. Allí todo el mundo se había afiliado al partido del PAN. En ese momento, yo creía que el presidente era Carlos Castillo Peraza. Todos los políticos locales eran corruptos. Había pocos políticos honestos. Sin embargo, ellos eran hostigados, asesinados o intimidados por los carteles de la droga. Estos traficantes de drogas eran las únicas personas en la ciudad con dinero. Todo el que estaba relacionado con ellos compartían una parte del dinero. Ya sean los que cultivaban la marihuana o eran espías, todo el mundo tenía una porción  de las ganancias. Incluso algunos espías vigilaban a otros espías. Había cantidad de transportistas de droga y asesinos a sueldo. También la policía era comprada. Yo no quería ser parte de esas actividades delictivas, yo no soy así, creo que soy mejor que eso. Las personas que no formaban parte de la violencia eran los pobres y sólo tenían la opción de la agricultura.

El costo del proceso de mi inmigración fue cerca de mil dólares. Cuando entré ilegalmente a Estados Unidos, usé la identificación de California de mi primo del cual soy idéntico. Él estaba en México visitando a unos familiares y me prestó su identificación.  En la frontera presenté ésta identificación a los oficiales de patrulla fronteriza y me permitieron cruzar. Después de llegar a mi destino en Los Ángeles, le di la identificación de un miembro de la familia que se lo envió a mi primo en México. Después de pasar la frontera, yo estuve en una pequeña ciudad cerca de San Diego. Pasé algunos días allí, después fui a la casa de mi familia en Los Ángeles. Vivían en North Ridge en una casa de tamaño mediano. Tenía tres habitaciones con dos baños y una pequeña habitación de invitados en el exterior. Yo estaba viviendo en la habitación de invitados con mi sobrinito. Aquí todo era mejor que en Pueblo. Nunca había estado en un supermercado antes. En mi primera vez allí, vi una enorme cantidad de diferentes tipos de alimentos limpios y carnes. Yo estaba tan sorprendido que todo estuviera muy limpio. Puedo recordar al abrir una bolsa de arroz, que estaba tan limpio, sin ningún tipo de bacteria o germen. Estaba sorprendido por cómo son las cosas aquí.

Yo viví con mi familia en Los Ángeles por dos años más. Entonces escuché la noticia de que mi padre había estado muy enfermo. Esto me hizo regresar a México. Mi papá finalmente falleció y yo pasé seis meses más para volver a los Estados Unidos de nuevo. Estaba harto del movimiento de droga y la pobreza a mi alrededor. Tenía que hacer algo para salir de esta ciudad. Yo estaba pensando en tratar de usar la identificación de mi primo otra vez, pero yo quería hacer todo legalmente esta vez. Fue entonces cuando solicité una visa de trabajador y me establecí como residente permanente después de permanecer en los Estados Unidos por un tiempo. No recuerdo el nombre de la forma que tuve que llenar, creo que se llama N-400. Recuerdo haberme sentido super-emocionado de venir a este país. No tuve altercados con la policía al pasar aquí, excepto con la patrulla fronteriza.

Cuando llegué aprendí a hablar inglés con fluidez, asistiendo a clases diurnas en la escuela secundaria de San Leandro. Yo ya sabía algo del inglés básico que me enseñaron  miembros de la familia y amigos de México. Algunas frases eran: "Hi, ¿how are you?", "Friend" y "House". Esta fue la única escuela a la que he asistido.

Finalmente me mudé de Los Ángeles a Oakland. Aquí es donde fui arrestado por posesión de marihuana y cocaína. Me dijeron que me podrían negar la ciudadanía porque en la corte me dijeron que no tenía buena conducta. Por suerte, uno de mis sobrinos es un  abogado de inmigración y me ayudó. Cada mes, mi sobrino establecía las fechas de inspección con un miembro de la oficina del INS en San Francisco para mostrar que no estaba metiéndome en más problemas. Esta fue una llamada de atención para mí. No podía permitir que mi estilo de vida actual destruyera mi sueño de ser un ciudadano estadounidense. Los de la corte me dijeron que si era capturado con algo otra vez, me negarían mi ciudadanía, aunque sea solamente por una multa por velocidad. Cambié completamente mi estilo de vida y les demostré que era una persona correcta y que merecía mi ciudadanía. Nunca he sido reubicado o corrido de nada.

Hasta el día de hoy, he estado viviendo en Oakland casi cerca de 10 años. Primero me mudé a Oakland porque tenía mucha familia aquí y quería estar con gente conocida. La razón principal por la que no me he ido es porque encontré un trabajo en Oakland en “International Paper” entre la avenida 85 y San Leandro Boulevard. He estado aquí por más de diez años. Ellos me tratan bien y la paga es aceptable. Mi salario es lo suficiente para sobrevivir y mantener a mi familia. Si me dieran la oportunidad de regresar a México, yo no lo haría. Quiero decir, ¿por qué quisiera dejar todo lo que tengo aquí para volver a un lugar donde reina la corrupción y la violencia suprema?

Sin embargo, creo que el proceso de inmigración actual definitivamente debe cambiar. Yo pagué $1,000 dólares hace catorce años y que fue una cantidad sumamente grande para juntarla. Creo que es cuatro veces esa cantidad ahora. El proceso de inmigración debería de ser más barato porque la gente no puede pagarlo con estos precios tan altos. La gente emigra para tener una mejor vida para ellos y para sus familiares.

 


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