Yo nací en un país que ha tenido revoluciones, dictaduras militares y sigue siendo oprimido por políticos corruptos de la élite
Nací en un país que ha tenido revoluciones, dictaduras militares y sigue siendo oprimido por políticos corruptos de la élite. Yo crecí en la vieja Managua con mis padres y cuatro hermanos, éramos considerados una familia pobre de clase trabajadora. El trabajo de mi padre era recoger las tarifas de los autobuses de transporte público de Managua. Mi madre era un ama de casa que cosía para tener un ingreso extra. Vivir en mi casa no era vivir en un dulce hogar, debido que el problema de alcohol de mi padre provocaba abusos verbales hacia mi madre y sus hijos. Cada noche, parecía que estábamos preparados para conseguir nuestro delicioso postre verbal y violento de nuestro padre. Recuerdo que cuando yo tenía siete años mi padre me obligó a tomar mi primera copa de ron sin mostrar ninguna expresión amarga en el rostro. Si mi padre sentía que no me gustaba la bebida, el estrellaba mi cara contra su puño.
Recuerdo que me sentía desesperado y confundido debido a la violencia física y verbal que recibía en la casa de mi padre y por tener una madre que estaba dominada por las acciones de su abusivo esposo. Sin ninguna orientación sobre como manejar mi dolor, di con la iglesia católica, donde encontré la fe en Dios y un poco de esperanza. Tratando de evitar el abuso que recibía en la casa por mi padre, me refugié en el padre José. Hice mi primera comunión este año, pero la memoria del niño perdido tratando de averiguar ciertas cosas afectará mi vida eternamente. Durante mis años de adolescencia y la mayor parte de mi vida adulta, el padre José fue la persona principal que me ayudó a continuar con mi educación en Nicaragua y conseguir becas para estudiar en Europa y el Caribe. Mi aspiración fue tan grande que obtuve una maestría en administración de empresas, esto me llevó a trabajar en una corporación de élite en Nicaragua.
Aparentemente parecía que finalmente mi trabajo duro había dado frutos, pero por dentro seguía jugando el papel del niño que no podía entender por qué mi propia carne, mi padre, me había causado tanto dolor. Atormentado por mi dolor me refugié en el alcohol para adormecer el dolor de mi infancia. No era muy afortunado en mantener una relación con una mujer debido a la falta de estabilidad emocional. Me he casado dos veces en mi vida, pero ninguno de los matrimonios han sido felices y exitosos como se esperaba. Sintiéndome solo, sigo poniendo mi carga en una botella de ron “Flor de Caña” para aliviar la tensión del pasado y la vida presente.
Durante los años setentas el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fue establecido, y Daniel Ortega se convirtió en nuestro presidente. Como revolucionario no sentí ninguna amenaza por el FSLN, pero los miembros de mi familia sentían que al país le esperaban más desastres. Mi hermana mayor fue la primera que huyó del país y se dirigió a California. Sin ningún tipo de orientación sobre la "Tierra Prometida" se enfrentó a varios retos durante el trayecto. Durante el viaje conoció a otro inmigrante que le dio el número de teléfono de un familiar que le ayudó a encontrar refugio y trabajo. Al llegar a su destino final en San Francisco, fue una bendición para ella encontrar un trabajo rápidamente como empleada de limpieza en un hotel. Pasaron los años y no fuimos informados de su cruce sin peligro de México a California. Un día, recuerdo que al llegar a la casa de mi madre a hacer una de mis visitas habituales, me enteré que mi hermano y mi padre saldrían de Nicaragua porque mi hermana había podido ahorrar el dinero suficiente para que crucen sin problemas.
No estaba seguro si era una cosa buena o mala que mi hermana creara su propia reforma para sacar a nuestra familia de las dificultades y pobreza de Nicaragua. En un periodo de cinco años pudo llevarse a mis padres y a mis cuatro hermanos a vivir con ella a San Francisco. Me sentía aislados por el simple hecho de que nunca más volvería a ver a mi familia debido a su inmigración ilegal en los Estados Unidos. Trabajé más de dos décadas en una empresa muy conocida en Nicaragua, así que le pedí a la empresa que me concediera una visa de turista a Estados Unidos. Deseoso de ver a mi madre y a mis hermanos que no había visto en más de diez años, fui aprobado para viajar a los Estados Unidos legalmente en el 2001. Durante los tres primeros viajes, me encantaba venir a San Francisco y vivir una vida de turista. En un período de un mes entero, no tenía preocupaciones acerca de cómo iba a manejar mis finanzas cuando regresara al mundo real en Nicaragua.
Seguí haciendo mis viajes para visitar a mi familia en San Francisco antes de que tuviera lo oportunidad de una jubilación anticipada, antes de llegar a la edad adecuada para recibir mi pensión regular. Con la opción de jubilarme, sentí que era mi destino a unirme a mi familia en San Francisco. Fue en el 2004, cuando mi posición en los Estados Unidos cambió de un turista a otro inmigrante ilegal en la olla. Vacié mi cuenta de ahorros en seis meses y no pude encontrar un trabajo. Vivía con mi hermana mayor y mi madre en San Pablo, California. No podía creer las dificultades que uno tiene que enfrentar cuando no se tiene un trabajo. Personalmente, sentí un choque cultural al llegar a América de manera permanente porque la experiencia ha sido muy difícil para mí. La gente en Estados Unidos presenta la imagen de que todos los inmigrantes son bienvenidos en este país pero ciertas razas no son aceptadas en la sociedad.
Mis antecedentes en Nicaragua son buenos, trabajé veinticuatro años y me jubilé de una posición de negocios de administración en una empresa muy conocida en Nicaragua. Sin embargo, eso no importa. Sintiéndome desesperado, fuera de lugar y viviendo con mi hermana sin un trabajo, me tuve que encargar de los quehaceres de la casa. Un día, estaba rastrillando las hojas de la casa de mi hermana y un hombre coreano de nuestro barrio que es dueño de una lavandería se me acercó; preguntándome si estaba interesado en un trabajo. No pensé dos veces en aceptar la posición y sin preocuparme por el sueldo, tomé el puesto de ochenta horas a la semana, siete días a la semana por un monto de doscientos cincuenta dólares. Trabajé ahí un par de años hasta que tuve un enfrentamiento con un cliente que no estaba contento.
Renuncié a mi trabajo porque ya no me sentía seguro de trabajar ahí y el sueldo no mejoraba.
Después de renunciar a mi trabajo no sabía dónde vivir porque trabajaba tantas horas que ya vivía en la lavandería. No quería ser una carga para mi mamá y hermana, decidí entrar por primera vez en un albergue en San Francisco.
Mi primera noche en el albergue fui robado y maltratado por otros miembros que no entendían cómo un hombre que parecía tan normal estuviera ocupando la cama de una persona que realmente lo necesita más que yo. Si supieran la lucha y la opresión que he vivido en este país. No tenía papeles ni siquiera para conseguir un trabajo en “McDonald's,” y mi edad no me ayuda a conseguirlo más rápido. Cansado de estar en la calle 24 en la Misión viendo los pájaros que vuelan en las barras de la estación del BART, decidí inscribirme en el “City College of San Francisco.” Le mentí a mi familia diciéndoles que estaba viviendo con un amigo que conocí en San Francisco porque no quería que se preocuparan o pensaran que había sido un error pedirme que me uniera a ellos y a la esperanza de su sueño americano. Vivir en San Francisco abrió nueva puertas pero también abrió puertas oscuras que habían sido cerradas en Nicaragua. Yo no podía manejar el estrés de sólo encontrar trabajos barriendo pisos aquí y allá en los cafés del distrito de la Misión, bares y restaurantes. Comencé a beber tanto que pronto me corrieron del albergue. No sé si las cosas se hacían peor o qué, pero sabía que podía calmar mi dolor con una bebida. Empecé a vivir en las calles hasta que ahorré el dinero suficiente para alquilar el espacio del armario de unos compañeros de clase. La vida ha sido tan difícil que algunas veces no puedo creer que siga vivo. Tengo cincuenta y dos años y tengo la cara de un hombre de ochenta años de edad. Trato de no perder la esperanza de estar en este país porque mi opción de volver a Nicaragua ya no es una alternativa.
Durante estos nueve años viviendo en California como inmigrante ilegal ha sido difícil y doloroso. Lo único positivo actualmente en mi vida es la escuela, pero ahora viviendo de nuevo en un albergue me es difícil asistir a clases. La falta de ingresos es el límite, pero el dolor es más fuerte de lo que puedo aguantar. Recurro al alcohol para controlar mi estado de mente viviendo en San Francisco. Actualmente gano menos de cuatrocientos dólares al mes haciendo trabajos en la calle, sólo para sobrevivir un día más en un país al que la mayoría de los inmigrantes llaman el "sueño americano." El concepto de mi familia de mi llegada a California fue positivo, pero el período de tiempo en que llegué no era el adecuado para mí. Pensarías que un hombre como yo, educado y exitoso en Nicaragua se realizaría en Estados Unido pero no lo he logrado, y posiblemente nunca lo haré.
BART, siglas en inglés del Distrito de Tránsito Rápido del Area de la Bahía de San Francisco, un sistema público de transporte rápido, también conocido como el metro de San Francisco